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PEKIN, MOSCU, WASHINTON, CADA VEZ MAS IGUALES.
No me refiero a la arquitectura de las ciudades sino a lo que significan como capitales de los tres imperios modernos más grandes, fuertes e influyentes del mundo actual, la similitud a la que me refiero es a que en todos sus respectivos hombres fuertes es decir los presidentes de cada estado que habitan ellos respectivos complejos presidenciales son muy parcos en abrir sus puertas a extraños esta circunstancia que hasta ahora no ocurría en Washington, donde la Casa Blanca era una residencia presidencial que se habría a muchos invitados hoy esta cerrada como el Kremlin de Moscú o La ciudad prohibida de Pekín.
A pocos días de cerrar 2017, Donald Trump está a punto de convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en décadas que no invita a ningún líder a una cena oficial en visita de Estado durante su primer año de mandato. Con Trump las fiestas se han acabado en la Casa Blanca, al menos si los invitados son los presidentes de un país extranjero.
Con las cenas oficiales, al igual que muchas otras cosas, sucedió que Trump criticó durante su campaña electoral las costumbres presidenciales. Aprovechando una visita del presidente chino Xi Jinping en 2015, el candidato Trump se quejó de la invitación de Obama. “No voy a tirar el dinero de esa manera, le daré una hamburguesa de McDonald’s y nos pondremos a trabajar”, dijo en esa ocasión el aspirante republicano.
Desde que es presidente, Donald Trump ni siquiera ha invitado a una hamburguesa. No ha habido ninguna visita de Estado con cena oficial. Y, en cambio, cuando el presidente de Estados Unidos ha viajado, las ha recibido y las ha elogiado. “Magnífico”, declaró hace poco, a principios de noviembre, cuando le preguntaron por los agasajos de su gira por Asia, donde visitó Corea del Sur, Vietnam y China, donde Xi Jinping fue su anfitrión.
Las visitas de Estado son importantes herramientas diplomáticas que incluyen artísticas ceremonias de bienvenida y cenas sofisticadas en la Casa Blanca. La secretaria de prensa, Sarah Huckabee Sanders, ha manifestado que “no hay razón particular alguna” para que Trump todavía no haya extendido una invitación de visita de Estado, pero indicó que se espera estrenar este tipo de lazos diplomáticos a principios de 2018. Supongo que se refería a que primero Trump deberá aprender las mínimas reglas de educación y comportamiento.
Una visita de Estado está considerada un signo de amistad y sirve para mostrar lazos en asuntos estratégicos entre los dos países, asegura Anita McBride, funcionaria en tres administraciones republicanas diferentes, que fue jefa de gabinete de la primera dama Laura Bush. “Y la Casa Blanca era y debería ser el escenario mundial donde mejor se representa, ayudando a hacer más sólidas y a fortalecer las relaciones entre países”.
Dicen en el entorno que Donald Trump no paraba de hablar de las alfombras rojas, los desfiles militares y las cenas de lujo en su última visita a Asia. Pero, aunque no haya hecho una invitación a la Casa Blanca, sí que presume de sus relaciones con presidentes extranjeros, incluido Xi Jinping. Trump y el líder chino se vieron el pasado mes de abril en una finca de Trump en Florida, donde fue agasajado con una cena completa, más allá de la hamburguesa prometida, y lo que Trump definió como “la tarta de chocolate más sabrosa del mundo”.
Trump ha organizado algunos almuerzos en la Casa Blanca con representantes de países extranjeros. Incluyendo los contactos oficiales en sus viajes al exterior, el inquilino de la residencia más famosa de Estados Unidos presume de haber tenido ya más de 100 contactos de este tipo. Pero ninguno puede compararse a una visita de Estado. La tradición marca que la visita oficial en la Casa Blanca empieza con una elaborada ceremonia de recepción en el South Lawn, que incluye pompa de la guardia militar de honor, pasar revista a las tropas y una declaración de ambos líderes.
Posteriormente los presidentes se reúnen en privado en el Despacho Oval, antes de celebrar una rueda de prensa conjunta en el Ala Este o en el Rose Garden. La tarde acaba con el líder extranjero como invitado de honor en una cena oficial de Estado espléndida a la que asisten centenares de personas, como congresistas, empresarios, celebrities, o contribuyentes de los partidos políticos.
El líder extranjero, además, es invitado a un almuerzo en el Departamento de Estado, y a veces dirige una sesión conjunta de las dos cámaras del Congreso. Ese tipo de visitas están reservadas para ocasiones en las que Estados Unidos quiere mostrar su mejor cara a un líder y aliado en particular, afirma Peter Selfridge, que ejerció de enlace entre la Casa Blanca y los dignatarios extranjeros en calidad de jefe de protocolo entre 2014 y 2017. “Se trata de una importante flecha en la aljaba de un presidente cuando quiere mostrar la cara más amable de su lado diplomático”, resume Selfridge.
Y ese argumento no solo sirve para los presidentes de Estados Unidos. Conocedor de que a Trump le gusta que le adulen, Xi Jinping no reparó en detalles para impresionarlo en su visita de noviembre a Pekín. La visita empezó con una ceremonia de bienvenida ostentosa incluso para los habituales estándares chinos, con Trump y su esposa Melania siendo recibidos en el aeropuerto por políticos chinos y estadounidenses, una banda de música militar y niños agitando banderas y cantando “bienvenidos”.
La visita a Pekín continuó con un recorrido turístico por la Ciudad Prohibida que incluyó una cena. Nunca un líder extranjero había sido agasajado con un banquete oficial en la antigua ciudad imperial desde el nacimiento de la China comunista. La cena incluyó una representación de ópera.
A la mañana siguiente Trump fue obsequiado con otra ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo, redondeada con un desfile militar. “No puedes ver nada más bonito”, declaró Trump. Según McBride, la decisión de no haber organizado aún una visita de Estado puede obedecer a que el primer año de Trump en la administración ha sido caótico, con mucha agitación en su staff y larguísimas negociaciones con el Congreso por las reformas de salud y fiscal. Y también porque Melania, la primera dama, que es la responsable de todos los detalles de las cenas oficiales, no se trasladó oficialmente a la Casa Blanca hasta el pasado junio.
El presidente de Estados Unidos disfrutó de la adulación de Xi Jinping en China, pero no ha expendido aún ninguna invitación a un líder de otro país. Lo que a pesar de las excusas de Mc Bride, deja en evidencia la falta de tacto y lo peor deja al descubierto que Trump es un millonario mal educado que cree que lo que ha hecho le da derecho a pedir el agasajo y la admiración del mundo hacia él, y por su parte solo ofrecer desprecio y soberbia a raudales.